jueves, 1 de octubre de 2009

Primeros Bomberos en el Mundo

La historia de los Cuerpo de Bomberos tiene su comienzo bien en lo profundo de la historia de la humanidad, ya que podemos estar seguros el descuido nació en el hombre antes de la idea de frotar pedernales para hacer fuego con que cocinar sus alimentos y calentarse los fríos días invernales. El fuego, que una vez producido, y debidamente controlado, era el amigo más fiel del hombre, se volvía en peligroso enemigo que destruía sus hogares, sus utensilios de labranza y sus siembras, cuando el descuido permitía que se extendiese fuera del control humano. Es lógico pensar que el hombre conoció el fuego a través de la naturaleza y sus fenómenos, tales como el rayo, la combustión espontánea o el volcán en erupción. En la misma forma que la naturaleza le enseñó al hombre qué era fuego, y los daños que podía ocasionar, le enseñó también como extinguirlo. Así el hombre de la prehistoria vio como el agua que caía en forma de lluvia apagaba el fuego ocasionado por el rayo o el volcán. Y así, a lo largo de los siglos y a lo ancho del mundo, el agua siempre ha sido el principal medio de extinguir incendios, siendo en extremo interesante ver como el agua ha mantenido su supremacía en cuanto a agentes para la extinción de incendios, a pesar de los innumerables esfuerzos hechos por el hombre para buscarle sustituto. El desarrollo y el perfeccionamiento de los pisteros de rocío han demostrado la importancia y efectividad en fuegos en aceites, en aparatos y motores eléctricos, y en otras ocasiones en que se consideró peligroso el uso del agua. Así ganó el agua otra lucha por su liderato. Prácticamente el progreso habido en la ciencia de apagar fuegos, desde los más remotos días de la historia antigua hasta nuestros días, se ha basado en el desarrollo e inventos de maneras para obtener mayores cantidades de agua y lanzar las mismas en la forma mas efectiva para extinguir el incendio.
A medida que la civilización se desenvolvía, los edificios ganaron altura. Los pueblos crecían en las seis direcciones, y los primitivos cubos de cuero resultaron inefectivos. Y es ahí donde comienza la interesante historia de la transición desde el humilde cubo hasta la moderna bomba de alta presión.
La historia de los Cuerpos de Bomberos debidamente organizados se remonta a los tiempo en que las antiguas ciudades de Grecia y Roma estaban en el apogeo de su esplendor, varios siglos antes de la era Cristiana. Lentamente estas organizaciones fueron desarrollándose, mejorándose en cuanto a organización, técnica y equipo se refiere, alcanzando un alto grado de eficiencia durante el primer siglo después de Cristo en la ciudad de Roma. Para ésta época la metrópoli Romana tenía un Cuerpo de Bomberos que contaba con cerca de siete mil miembros, que luchaban contra las llamas, usando métodos científicos y relativamente muy eficientes. Muy poco se sabe del Cuerpo de Bomberos durante el período de tiempo comprendido por los siglos tercero al décimo de la edad media. Como casi todas las ciencias y las artes, la ciencia de combatir incendios cayó en la obscuridad del olvido, poco después del colapso del Imperio romano, para resurgir de nuevo entre el esplendor del renacimiento, a mediados del siglo XIV.
Las modernas máquinas que hoy vemos avanzar con rapidez asombrosa por las avenidas de las modernas ciudades, y que son usadas por las más progresistas y eficientes organizaciones, son en realidad las ediciones ampliadas y mejoradas de las máquinas llamadas siphona, inventadas cuatro siglos antes de Cristo, por Ctesibius, ingenioso griego, nacido en Alejandría, y por otro no menos ingenioso griego, Herón, quien en el año 200 antes de Cristo inventó un aparato para la extinción de incendios, cuyas características esenciales fueron usadas hasta 2,000 años más tarde. Con anterioridad a Ctesibius y Herón, no se conoce ningún aparato de combatir incendios que no sea el cubo de cuero.
En el año 440 A.C., y aunque por corto tiempo, se usó un aparato hecho de los intestinos y el estómago de los bueyes. Los intestinos eran usados en forma de mangueras mientras el estómago, o un saco de lona, servia de tanque o recipiente. Al operarse tan rústico sistema, se llenaba de agua el saco y se llevaba al lugar del siniestro; los intestinos se estiraban hasta alcanzar el edificio en llamas, y varios hombres hacían presión sobre el saco, obligando el agua a pasar a través de las “mangueras” hasta el fuego. Este método no parece haber dado buenos resultado, ya que en toda la historia no se vuelve a mencionar. Más tarde apareció la "Jeringa", que consistía de un cilindro y un pistón para imprimir presión. En un extremo del cilindro se ajustaba un “reducido”. Se llenaba el cilindro de agua y haciendo presión con el pistón se obligaba al agua a salir por el pistero con relativa fuerza. Este tipo de "extinguidor" se usó en Roma, allá para el año 300 A.C., y estaba en uso en Inglaterra para fines del siglo XII.
Con una antigüedad de 1.650 años, arqueólogos alemanes, bajo la dirección de Bernd Paeffgen, descubrieron en 2004, en el Valle del Rin, lo que fue descrito como una bomba de agua. El equipo contaba además con un tubo delgado de 1,10 metros que iba unido a la bomba. Inicialmente confundida con una lanza, las posteriores pruebas revelaron que se trataba de un conducto o manguera.
Las bombas inventadas por Herón en Roma y por Ctesibius en Grecia, tenían bastante en común y son éstas las que dieron la base para el desarrollo de nuestra moderna y eficiente bomba. La bomba inventada por Herón consistía de dos pistones de bronce conectados a una sola salida. Los cilindros estaban ajustados a una base de madera, la que se sumergía en el agua. El artefacto inventado por Ctesibius consistía en una bomba de doble acción, operada manualmente, la que desde el propio aparato lanzaba un chorro hasta en incendio. Estas bombas se generalizaron en Grecia y en varias ciudades del Imperio Romano en los comienzos de la Era Cristiana. Al principio, estos aparatos de extinguir incendios eran manipulados por "voluntarios" que generosamente cooperaban en los momentos trágicos de un incendio. Cuando se le propuso a Trajano, gobernador de una de las provincias romanas, que un Cuerpo de Bomberos voluntarios fuera organizado, éste se opuso tenazmente. Insistía que un grupo de hombres trabajando voluntariamente, traería grandes contratiempos, ya que, sin importar cómo se les llamase, o cómo estuvieran organizados, no faltarían divisiones entre ellos mismos y la formación de grupos o fracciones. En vez de un grupo de Bomberos Voluntarios, Trajano sugirió que el gobierno proveyese "maquinas de extinguir incendios", y que los dueños de las casas ardiendo, "y todo aquel cuya casa estuviese en peligro, fuesen obligados a operar dichas máquinas".
Son innumerables los fuegos ocurridos en Roma, en los tiempos de Plinio. Marco Licinio Creso (ó Craso), llamado "El Rico", obtuvo su inmensa e incalculable fortuna, del fuego y de la guerra. Creso se ideó el negocio de comprar los edificios cuando estaban ardiendo y aquellos adyacentes, que estuviesen en peligro. Por lo regular los compraba a precios bajos, aprovechándose de la ocasión de la ocasión en que los dueños los vendían a cualquier precio ante el temor de perderlo todo. Aparentemente Creso tenía su organización privada de bomberos que se ocupaba de apagar el fuego y evitar que se extendiera. Más tarde los edificios eran reparados y vendidos, y el producto de estos negocios fue de tal magnitud que Creso fue conocido en todo el mundo como el hombre más rico de todas las épocas. Revisando la historia, encontramos que el primer Cuerpo de Bomberos, cuya organización le acredita a llamarse como tal, funcionó en Roma durante el primer siglo antes de Cristo. Fué organizado en el año 22 antes de Cristo por el emperador Augusto Cesar y se componía de seiscientos esclavos a los que llamaban "vigiles". Este sistema de "esclavos bomberos" funcionó hasta seis años después de Cristo, cuando Augusto reorganizó el Cuerpo de Bomberos, creando un departamento u organización, mejor entrenado y organizado, más a tono con las necesidades y el prestigio de una gran ciudad, que era la capital del mundo para aquella época. Esta organización rindió espléndidos servicios hasta la caída del Imperio Romano (476 A.C.). La nueva organización creada por el emperador Augusto estaba compuesta por 10,000 bomberos, (esclavos libertados o ciudadanos), con equipo adecuado y suficiente. Aunque se seguían llamando "vigiles" eran miembros de una organización semi-militar, con divisiones y subdivisiones similares a aquellas del ejercito romano, estando cada división a cargo de una demarcación o zona específica. Este Cuerpo de Bomberos estaba dividido en diez cohortes urbanas, aunque cada una de estas también controlaba y era responsable de la seguridad de los distritos semi-urbanos, en los que la ciudad estaba dividida. Primeramente, los cuarteles fueron establecidos en residencias privadas, pero más tarde fueron dotados de edificios propios que podían describirse como palaciegos por su lujo, comodidad y tamaño. Cada cohorte tenia dos siphona, escaleras, escobas de metal, picotas, mallas, palas y otro equipo. El salvamento y protección de la propiedad se llevaba a cabo cubriendo la misma con mantas, llamadas "formiones", las que, siendo impermeables, evitaban que el agua las damnificara. También contaban con hachas, conocidas en aquella época con el nombre de dolobrae. Las mallas de seguridad, muy parecidas a las usadas actualmente, también se encontraban en el equipo romano y eran conocidas con el nombre de cantones. Las escaleras se conocían por scalae. Otro equipo ya en uso para esta época, era el arpón, conocido como perticae y el amae, que eran cubos hechos de sogas fuertemente tejidas y entrelazadas.
El personal del Cuerpo de Bomberos organizado por el emperador Augusto Cesar tenía distintos rangos jerárquicos, incluyendo un prefecto, sub-prefecto, diez tribunos cien centuriones, cien vexillarii, y un número indeterminado de bomberos de distintas clasificaciones, denominadas aquarii, siphonarii, uncunarii, y falcarii. Sus clasificaciones indicaban el trabajo que realizaban en la escena del incendio. El prefecto tenía el comando de todo el Cuerpo, tal y como ocurre hoy día con el Jefe. Por lo general era seleccionado por el emperador de entre la aristocracia romana. Los demás rangos correspondían al los Jefes de Zonas, Capitanes, Tenientes, Sargentos, y Cabos de los modernos Cuerpos de Bomberos. Los siphonarii estaban a cargo del manejo de las máquinas y los pisteros, mientras los acquarii eran los bomberos a cargo suplir agua a la siphona. Se podrá observar que los distintos rangos en el Cuerpo de Bomberos de tan lejana época, corresponden a los rangos del ejercito romano, (perfectos, tribunos, centuriones, etc.), costumbre existente en nuestros días con los nombres de capitanes, tenientes, sargentos, cabos, etc.
Los bomberos recibían paga y una pensión al retirarse después de haber servido 26 años. El prefecto tenía poderes de juez para juzgar cualquier asunto relacionado con los fuegos. Si alguien obstruía el libre transito del equipo, el prefecto podía ordenar su arresto y celebrarle juicio inmediatamente. Un número de azotes era castigo corriente en estos casos, dependiendo del número de éstos, de la intensidad y magnitud del incendio. Los bomberos eran una combinación de bomberos y policías y llevaban rotenes y macanas con las que castigar a los que entorpecieran sus labores. Entre los antiguos jefes o prefectos de mayor renombre durante este glorioso período, figura el Prefecto Aeneas Cyrenus.
El historiador Plainio hace resaltar la falta de equipo en las ciudades de menos importancia durante el primer siglo de la era Cristiana. Es difícil determinar cuantas ciudades siguieron el ejemplo dado por Roma, así como también es difícil señalar cuantas ciudades desaparecieron, víctimas de las llamas, especialmente durante las invasiones nórdicas.
No hay nada en la historia que nos indique que durante los siglos XII y XIII de la Edad Media los pueblos se preocupasen por su seguridad, en lo que a combatir y evitar incendios se refiere. Pero, ya para el año 1460 la ciudad de Francfort - del - Metro, en Alemania, tenía leyes para proveer protección contra incendios y en 1518 estaban en uso en la ciudad de Augstburgo distintos instrumentos y aparatos de combatir incendios. Gaspar Schott, padre jesuita, escribió descripciones de las máquinas y aparatos de combatir incendios en la ciudad de Konishofen en el año 1617, y con lujo de detalles describe la "monumental bomba" construida por John Jautsch en Nuremberg en el 1657.
De los países europeos fué Alemania el que más adelantó en los métodos de extinguir incendios. Construyó su primera bomba de mano en la ciudad de Nuremberg en el 1616. Consistía dicho aparato de un recipiente bastante grande montado en correderas, con un pistón en el centro. Tres hombres eran necesarios para su operación en acción a aquellos encargados de suplir agua al recipiente. Las palancas del pistón estaban fijas a una pieza horizontal, las que se manipulaban subiendo y bajando, lo que ponía en funciones el pistón y el agua era lanzada a presión por el pistero, cuya forma semejaba el cuello de un ganso.
Al finalizar el siglo XVI encontramos que los grandes recipientes de agua, con sus pistones, sus balancines y pisteros han sido montados en ruedas de madera, y eran más fuertes. Un nuevo pistero había sido inventado, el que funcionaba sobre una unión universal y podía moverse en distintas direcciones. Durante el año 1699, París contaba con 17 aparatos de combatir incendios, llamados bombas, pero ya para el año 1712 la capital Francesa contaba con 30, distribuidas en distintas demarcaciones de la ciudad. Es muy probable que dichas bombas hayan sido similares a las que nueve años más tarde, (1721) importara de Londres la ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos de América. Ya para esa época un inventor apenas conocido había realizado uno de los experimentos de mayor beneficio, al adicionar a la bomba una cámara de aire, dentro de la cual el aire comprimido expelía el agua en forma de un chorro continuo.
En Londres se intensificó la organización de los Cuerpos de Bomberos, después del gran fuego de Londres ocurrido en el 1666. El desarrollo de estas organizaciones estaba estrechamente al negocio de los seguros. Durante los últimos años del siglo XVII varias compañías de seguros fueron organizadas en Londres y todas ofrecían, para incentivo de sus negociaciones, la protección de las propiedades aseguradas con ellas por bomberos pertenecientes a las compañías de seguros. Cada compañía tenia su propia brigadas de bomberos para proteger las edificaciones por ellas aseguradas, por la sencilla y comprensible razón de que mientras menos propiedad asegurada se quemase, menos dinero tendría que pagar y, mayores serían los beneficios de la compañía.
En el año de 1748, un ingeniero Inglés, Richard Newsham desarrolló y perfeccionó la primera de nuestras modernas bombas de mano. Fué este el primer aparato con los balancines convenientemente montados, de manera que varios hombres pudieran operarlas, aumentando su fuerza y su presión, al juntarse la fuerza y el peso de varios hombres. La altura del chorro lanzado por la máquina Newsham era alrededor de 60 pies. Nótese aquí la constante preocupación del hombre por alcanzar mayores alturas.
Fué allá para los años 1820 al 1832 cuando se escribieron en las calles Londinenses las páginas más negras de la historia de los Cuerpos de Bomberos. Cada compañía de seguros colocaba frente a las propiedades por ellas aseguradas distintivos indicando la compañía que tenía asegurada la propiedad, con el fin que sus bomberos pudieran conocer cuales propiedades debían proteger. Era corriente el caso en que en una zona hubiera varios edificios asegurados con distintas compañías. A la voz de alarma, al ocurrir un incendio en dicha zona, concurrían las brigadas de todas las compañías y cada una trataba de proteger y salvar propiedades que ostentaran los distintivos de sus compañías. Verdaderas luchas a muerte se entablaban en las calles por apoderarse de las bocas de incendio y no fueron pocas la veces que, mientras las llamas devoraban propiedad tras propiedad, los bomberos peleaban en las calles por apoderarse de las bocas de incendio brigada contra brigada usando en la lucha los mismos aparatos y equipos para combatir incendios, y tratando por todos los medios de destruir el equipo del la brigada rival. En esta forma los Cuerpo de Bomberos resultaban poco menos que inútiles, ya que los mismos inflamaban las nóminas de las compañías a la vez que rendían muy poca labor efectiva.
Pronto los directivos de seguro se dieron cuenta del problema que representaba tener distintas brigadas de bomberos y se pusieron de acuerdo para conjurarlo. De los cambios ocurridos en esa época, muy claro escribe en su Fire, el Mayor C.C.B. Morris, Ingeniero Mecánico Jefe del Cuerpo de Bomberos de Londres durante los años 1933 al 1938, y a quien me permito citar lo siguiente: "En el año 1832, diez de las compañías de seguro más importantes juntaron sus recursos y formaron lo que se conoció como el "Establecimiento de Bombas de Fuego de Londres", (London Fire Engine Establishment). Jaime Braidwood, quien desde el año 1824 había estado a cargo de la Brigada de Bomberos de Edimburgo (la primera que se estableció en Inglaterra) fué nombrado superintendente. Un año más tarde, en el 1833, se aprobó una ley que proveía alguna protección contra incendios, a las propiedades fuera del área central de Londres. "Desde el 1836 en adelante, el trabajo de Establecimiento de Bombas de Fuego y de las brigadas parroquiales fué complementado mediante una organización voluntaria conocida como "La Sociedad Real para la Protección de Vidas contra Incendio", la que mantenía y proporcionaba bomberos y bombas en algunas de las estaciones de bomberos en el área central de Londres. "El 22 de junio de 1861 ocurrió un pavoroso incendio en la calle Tooley que causó la pérdida de varias vidas incluyendo la de Jaime Braidwood, quien pereció debido al derrumbamiento de un edificio mientras dirigía las operaciones de la extinción del incendio. Todavía existe una de las paredes de un almacén en la calle Tooley un pequeño monumento de piedras indicando el lugar exacto donde Braidwood murió. Las perdidas causadas por este incendio se estimaron en alrededor de 2,000,000 libras esterlinas. Esta fué una de las causas que más influyeron para que el gobierno decidiese encomendar la responsabilidad de proteger la ciudad de Londres a la Junta Metropolitana de Obras Públicas, decisión que se incorporó en la Ley Metropolitana de Brigadas de Bomberos del 1865. "En consecuencia, la junta se hizo cargo, el día primero de enero de 1866, de los miembros y aparatos del Establecimiento de Bombas de Fuego, incluyendo 130 oficiales y bomberos, distribuidos entre sus 17 parques. En el 1867 la Junta se hizo cargo de las 85 bombas y de la mayoría de los empleados de la Sociedad Real para la Protección de Vidas contra Incendio". "El Capitán, más tarde Sir Eyre Massey Shaw, Superintendente del Establecimiento de Bombas de Fuego de Londres, fué el primero en ser nombrado Primer Oficial de la Brigada Metropolitana de Bomberos, y los antiguos cuarteles del Establecimiento en la calle Watling continuaron usándose hasta que se edificó en el 1878 un parque nuevo en la avenida Southwark Bridge". "En los años siguientes continuó aumentando progresivamente tanto la fuerza de la Brigada de los Bomberos como el número de estaciones o cuarteles, a fin de proveer protección adecuada para toda el área de Londres. Entre los años 1865 y 1899 el número de parques aumentó desde 17 hasta 55, y ya en el 1907 había 80 de ellos". "Durante los primeros años de la jefatura del Capitán Shaw no existían los sistemas de alarma en las calles. Cada parque estaba provisto de una alta torre de observación desde la que los bomberos vigilaban constantemente la ciudad. El vigía ó bombero vigilante era cambiado periódicamente, estableciéndose así el sistema de turnos de vigilantes. Cada torre de observación estaba equipada con binoculares y compases para la mayor eficiencia y exactitud en el momento de dar la alarma, cuando un incendio era avisado por el vigilante. La orden de salida a las distintas brigadas con su equipo era dada de acuerdo con el sitio en que se desarrollaba el incendio, ya que cada brigada daba servicio en determinadas zonas o distritos". "En el 1904 el título de la Brigada Metropolitana de Bomberos fué cambiado a la Brigada de Bomberos de Londres". Mientras los europeos luchaban por mejorar los sistemas de extinguir incendios, los Estados Unidos de América, un pueblo nuevo para aquella época, también sentía, lamentaba y sufría, los estragos causados por los incendios y conflagraciones. Apuntes dignos de créditos demuestran que allá para el año 1648 la ciudad de Nueva York, conocida entonces como New Amsterdam, ordenó a Holanda un cargamento de escaleras, garfios y cubos de cuero. En el 1731 dos máquinas construidas por Newsham fueron importadas de Londres y llegaron a New York el primero de diciembre de 1731."
Es muy probable que éstas hayan sido las primeras máquinas de extinguir incendios usadas en el nuevo mundo. La primera máquina para la extinción de incendios construida en los Estados Unidos de América, fué diseñada y construida por Anthony Nochols en la ciudad de Philadelphia en el año 1732. Un año más tarde los hermanos Tomás y José Hill construían la segunda en Boston, Massachusetts. A pesar que durante los años comprendidos entre 1732 y 1768 muchos y variados estilos de máquinas y bombas fueron construidas en los estados Unidos de América, ninguna era tan eficiente como la Newsham y muchas ciudades americanas la adquirieron. Las mejoras mas importantes introducidas al equipo de combatir incendios desde la época del desarrollo de la máquina Newsham ocurrió en el año 1832, cuando toda la ciencia fué revolucionada con un equipo capaz de succionar agua de un recipiente.
Mientras tanto, allá en Europa ocurría otra revolución en la ciencia de combatir incendios. En la ciudad de Amsterdam, Holanda, y en el 1672, desarrollaron un nuevo equipo y una nueva técnica; técnica y equipo que han sido, desde la fecha de su desarrollo, la piedra angular de todo Cuerpo de Bomberos en el mundo entero. La primera manguera de extinguir incendios surgió en el 1672 en Amsterdam, Holanda. Muy parecida a las mangueras en uso en los actuales momentos, estaba construida de cuero y en trozos de cincuenta pies de largo, con uniones de bronce en ambos extremos. El invento de las mangueras puso fin a la época de los cubos de cuero. Ya no había necesidad de exponer las vidas de los bomberos, así como el equipo, ya que con el nuevo sistema de mangueras, las máquinas podía colocarse a mayor distancia del edificio incendiado y evitar así que bomberos y equipo fueran víctimas de las llamas. Fué este el comienzo del sistema de atacar el incendio en su base. Hasta esta fecha los bomberos tenían que contentarse con lanzar chorros de agua desde las máquinas y a través de las ventanas y puertas. Es sorprendente notar la lentitud con que se generalizó el uso de la manguera en América. No fué hasta el 1811, o sea, 139 años más tarde, que la primera manguera de cuero fué fabricada en los Estados Unidos, en la ciudad de Philadelphia por A.L. Pennock y James Sellers.
La primera "máquina de apagar fuegos" construida por los señores Pennock y Sellers fué entregada a la ciudad de Providence, en el estado de Rhode Island, en el 1822, y constituyó uno de los acontecimientos mas comentados de la época. Los periódicos de aquellos días llamaron a esta pieza de equipo "una de las grandes invenciones de la época". Desde ese día, todas las máquinas fueron construidas con bombas capaces de succionar y con éstas surgió la era Romántica en la historia de los Bomberos, la que terminó 30 años más tarde con la invención de la bomba movida por vapor y la organización de los bomberos profesionales con sueldos fijos.
Fué durante estos 30 años que se escribieron en la historia de América, las páginas más pintorescas en relación con las organizaciones de bomberos. Como cada máquina o "Bomba" llevaba solamente 300 pies de manguera, varias brigadas tenían que interconectar su equipo para poder llegar desde la fuente de abastecimiento hasta el incendio. Muy lejos de aquellos bomberos estaba el espíritu de colaboración. Cada brigada trataba de bombear mayor cantidad de agua que lo que la próxima bomba podía absorber ocasionándole daños y exponiendo a sus bomberos al ridículo. El individualismo, tan peligroso en los Cuerpos de Bomberos, imperaba en todos los bomberos de estos años. Cada jefe trataba de exponer al ridículo a los otros Jefes; cada bombero trataba de ridiculizar a los otros bomberos. No hubo un incendio, por pequeño que éste fuese, que no comenzase y terminase con luchas y peleas entre los bomberos. Esta rivalidad dio motivo a centenares de alarmas falsas, dadas con el único fin de dar oportunidad para una lucha. En el año 1829 y en la ciudad de Londres, el famoso ingeniero George Brathwaite inventó la "máquina de vapor". En su invento fué grandemente ayudado por el Capitán John Ericson, quien más tarde se cubría de gloria y fama al construir el barco monitor que tan prominente sitial ocupara en la Guerra Civil de los Estados Unidos. La primera bomba de vapor pesaba doce toneladas y media, y tenía un motor capaz de desarrollar diez caballos de fuerza y lanzar 250 galones de agua por minuto. Debido a lo enorme de su peso era muy poco manuable y pronto cayó en desuso. En el 1832 Brathwaite construyó otra de esas máquinas para la cuidad de Berlín, pero tampoco tuvo éxito. En el año de 1841, el señor Paul R. Hodge, de la ciudad de Nueva York, inventó una "Bomba" que era movida por la presión del vapor producido por una caldera. Fueron también ocho toneladas de peso, el principal motivo de su fracaso. Aunque en una exhibición dad en la Alcaldía de Nueva York, el 27 de marzo e 1841, esta máquina lanzó tres potentes chorros de agua, resultaba muy difícil de manipular en los incendios, terminando su vida útil como pieza histórica en un museo.
En enero de 1840 el instituto de Mecánicos de Nueva York ofreció una medalla de oro como premio para el que produjera los mejores planos para una bomba de vapor. El premio lo ganó John Ericson. Entre las mejores bombas y máquinas de extinguir incendios construidas durante el siglo XIX, ocupan lugar destacado las fabricadas en los años 1852 al 1856 en la ciudad de Cincinnati por la firma A.B. & E. Latta. El costo de una de las máquinas ascendía a $7,925.00. en la historia Americana, el señor Latta está reconocido como uno de los mejores genios de su época, así como uno de los inventores más prolíficos. El equipo de su fabricación fué usado por las más importantes ciudades, siendo la ciudad de Boston de las primeras en adquirirlas. (24 de febrero de 1855). Para mediados del siglo XIX el problema mayor en los departamentos de Extinción de incendios lo constituía el peso del equipo. Se había demostrado que las bombas a vapor eran más convenientes que las movidas a mano. Varias asociaciones y firmas se dieron a la tarea de fabricar equipo de combatir incendios, usando como guía la máquina de vapor inventada por el señor Latta.
En la historia de los Cuerpos de Bomberos, encontramos que hay tres innovaciones que pueden considerarse como pasos revolucionarios en la técnica de extinguir incendios. Primero, la bomba de succionar inventada en 1822; segundo, la bomba de vapor perfeccionada en el 1852, y tercero, los aparatos movidos por motor que hicieron su aparición en el 1903.
El desarrollo de la máquina de vapor fué sólo un nuevo paso dado por el hombre hacia su meta de conseguir mayores cantidades de agua y mayor presión con que combatir los incendios en los edificios de mayor altura. Los modernos camiones de extinguir incendios hicieron su ingreso en nuestra historia allá para los años del 1903 al 1908. Las primeras unidades fueron montadas en "chasis" comerciales, consistiendo su unidad de bombeo de bombas rotatorias. Este tipo predominó hasta el 1930 en cuya fecha las bombas centrífugas empezaron a ganar popularidad. Hoy en día la mayoría de los camiones de extinguir incendios están equipados con bombas centrífugas.
Fué a un humilde y laborioso bombero de San Francisco, California, a quien le toca la gloria de haber inventado el primer camión de escaleras mecánicas. Fué Daniel D. Hayes el diseñador de tan útil equipo, quién en el año de 1868 construyó el primer camión equipado con escaleras mecánicas. De esa fecha en adelante, distintos tipos de escaleras han sido introducidos, así como se ha variado las formas y métodos de subir y bajarlas. A tal grado ha llegado a simplificación de estos métodos, así como del equipo, que actualmente un solo hombre puede, a través de manecillas y botones, que escaleras de 100 pies se muevan a su antojo, estirándose, encogiéndose, subiendo o bajando, o bien volteando para colocarse convenientemente en techos o ventanas. La primera "torre" fué introducida en el Cuerpo de Bomberos de la ciudad de Nueva York en el año 1882. Su principal objetivo era lanzar enormes chorros de agua a través de las ventanas de los pisos superiores, en forma horizontal, alcanzando así el interior del edificio. Actualmente (1950) las "torres" tienen una altura de 65 pies y son operadas hidraulicamente.
El primer extinguidor de "soda y ácido" fué inventado en Londres en el 1860. Al comienzo, eran aparatos muy complicados y de difícil manejo. Más tarde se simplificaron y fueron adoptadas por los Cuerpos de Bomberos. En el 1908 fué inventado el extinguidor de tetracloruro de carbono; el que demostró gran efectividad en fuegos de motores eléctricos. Durante el 1915, en la estación Naval, de Brooklyn, Nueva York, se realizaron las primeras pruebas y experimentos con el tan conocido extinguidor de espuma, que con el tiempo llegó a ser uno de los más populares y de los más usados.

El Dalmata Se conoce muy poco sobre los orígenes de esta raza; contra la creencia popular, hay poca evidencia de que se haya originado en Dalmacia Lo que no está en duda es la antigüedad de la raza: se han descubierto grabados egipcios mostrando dálmatas corriendo junto a los carruajes. Las apariciones de la raza en expresiones artísticas medievales ubicaron su supuesto origen en Europa, y las primeras menciones bajo el nombre "dálmata" datan del siglo XIX.
A lo largo de su historia ha desempeñado varios trabajos, como guardián en Dalmacia y Croacia, lo que es evidente en su comportamiento desconfiado con extraños. También tiene un fuerte instinto cazador y es excelente para combatir ratas y alimañas, así como cobrador, perro de rastreo y de caza, particularmente en jaurías, contra presas como jabalíes y ciervos.
Sin embargo el papel más importante ha sido como perro de compañía y escolta para carruajes. Aún tiene una fuerte afinidad hacia los caballos, y tienden a correr en posición de "escolta" cuando encuentran un carruaje. Esto se refleja en su gran resistencia y su cuerpo atlético y aerodinámico. Adicionalmente su uso como escolta para carruajes de bomberos dio origen a su relación con este oficio, que se mantiene en la actualidad, si bien desde luego es ahora sólo un pasajero más en un camión de bomberos.
Se ha dicho que son perros que sufren o tienen Síndrome Down (no podemos asegurarlo) pero si se detecta que En un porcentaje elevado, sobre el 10%, algunos ejemplares pueden nacer con problemas de sordera, ya sea sordera total o parcial. Es un dato a tener en cuenta a la hora de adquirir o recibir un dálmata.
Como pudimos mostrar en las gráficas anteriores los primeros carruajes de Bomberos, fueron halados por caballos por lo que no fue un problema para éste perro adaptarse a la actividad Bomberíl, no solo por éste hecho sino por las atenciones constantes hacia ellos de parte de los Bomberos ya que nuestra actividad requiere estar en los cuarteles las 24 horas los 365 días del año, los Bomberos fueron quienes lo cobijaron y hasta la actualidad aún se encuentra en los cuarteles.
Algunas características propias de éste animal lo hicieron ser parte de los Cuerpos de Bomberos tales son:
•Su seudónimo: “El Perro Humano” se debe a su preferencia por la compañía de personas.
•Su temperamento es hiperactivo.
•Por su carácter dominante es testarudo por excelencia
•Debido a su complexión muscular, es el perro de mayor condición física en carrera de resistencia.
•Se valen de muy elaborados ardides para conseguir una atención constante
•Casi nunca ladra. Solamente cuando es realmente necesario
•Es visible la atención que dedica en estudiar y conocer a cada persona
•Tiene gran habilidad para reconocer a las personas, difícilmente olvida un rostro.
•Puede detectar malas intenciones.

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